Durante mucho tiempo, el apéndice ha sido el ejemplo favorito de la biología para hablar de órganos inútiles. Un vestigio evolutivo, decían, un remanente del pasado que el cuerpo arrastra sin ninguna función práctica. Tanta ha sido esa fama que millones de personas en todo el mundo se lo extirpan cada año sin mayor preocupación. Pero la ciencia lleva años revisando esa idea, y las conclusiones son bastante más interesantes de lo que se pensaba.
Un órgano mal entendido
El apéndice es una pequeña bolsa con forma de dedo que cuelga del intestino grueso, en la parte inferior derecha del abdomen. Mide entre cinco y diez centímetros y, durante generaciones, los libros de medicina lo describieron como un órgano sin función conocida. La apendicitis, su inflamación, es una de las urgencias quirúrgicas más frecuentes en todo el mundo, y la solución habitual es extirparlo. Sin consecuencias aparentes. Pero «sin consecuencias aparentes» no es lo mismo que «sin función».
Lo que la ciencia ha ido descubriendo
Las investigaciones de las últimas dos décadas apuntan a que el apéndice tiene un papel relevante en el sistema inmune, especialmente durante la infancia. En los primeros años de vida, el tejido linfoide que lo recubre, muy similar al de las amígdalas, participa activamente en la maduración del sistema inmunitario. El organismo lo utiliza como un espacio donde entrenar y moldear las defensas antes de que el niño se enfrente al mundo exterior.
Además, algunos estudios han propuesto que el apéndice funciona como una especie de reserva de bacterias beneficiosas. Cuando el intestino sufre una infección grave y pierde parte de su microbiota, el apéndice podría actuar como un depósito desde el que repoblar el intestino con bacterias saludables. Una hipótesis que todavía genera debate en la comunidad científica, pero que tiene cada vez más respaldo.
¿Importa que nos lo quiten?
La extirpación del apéndice en adultos no parece tener consecuencias graves a largo plazo. El sistema inmune ya está formado y el intestino cuenta con otros mecanismos para mantener su microbiota. Pero algunos investigadores se preguntan si la apendicectomía en niños pequeños podría tener efectos más sutiles sobre el desarrollo inmunológico, una pregunta que aún no tiene respuesta definitiva.
Lo que sí parece claro es que llamarlo órgano inútil era una simplificación apresurada. El hecho de que no sepamos bien para qué sirve algo no significa que no sirva para nada.
Una lección más amplia
La historia del apéndice es también la historia de lo mucho que queda por entender sobre el cuerpo humano. Órganos que durante décadas consideramos prescindibles, como la microbiota o el propio apéndice, van revelando funciones que nadie imaginaba. El cuerpo humano lleva millones de años evolucionando, y pocas cosas en él están ahí por casualidad.