¿Sabías que...?

¿Sabías que dormimos en ciclos de noventa minutos?

Hay mañanas en que suena el despertador y el mundo parece irreal. La cabeza pesa, los ojos no abren del todo y el cuerpo pide quedarse exactamente donde está. Y hay otras mañanas en que te despiertas solo, antes de que suene nada, y te sientes sorprendentemente bien. Mismas horas de sueño, resultado completamente distinto. La explicación tiene que ver con algo que ocurre dentro del cerebro mientras dormimos y que la mayoría desconoce.

El sueño no es un bloque continuo

Una de las ideas más extendidas sobre el sueño es que cuantas más horas, mejor. Y aunque la cantidad importa, lo que la ciencia ha ido revelando es que la calidad y el momento del despertar son igual de determinantes. Durante la noche, el cerebro no descansa de forma uniforme. Pasa por ciclos de aproximadamente noventa minutos que se repiten entre cuatro y seis veces, dependiendo de cuánto dormimos.

Cada ciclo tiene fases distintas. Empieza con un sueño ligero, va profundizando hasta llegar al sueño más reparador y termina con la fase REM, esa en la que soñamos, el cerebro se activa intensamente y el cuerpo procesa emociones y consolida recuerdos. Al final de cada ciclo, hay un brevísimo momento de sueño muy ligero antes de que empiece el siguiente. En ese instante, el cerebro está casi en la superficie.

El problema del despertador

Cuando el despertador interrumpe un ciclo a mitad, especialmente durante la fase de sueño profundo, el cerebro queda atrapado en un estado intermedio entre el sueño y la vigilia. Ese estado tiene nombre: inercia del sueño. Y se manifiesta exactamente como todos conocemos, pesadez, confusión, lentitud de pensamiento y una resistencia física a moverse que puede durar desde unos minutos hasta casi una hora.

Lo paradójico es que esto puede ocurrir aunque hayamos dormido ocho horas. Si esas ocho horas terminan en mitad de una fase profunda, el cuerpo lo acusa igualmente. Y al contrario, hay personas que con seis horas y media bien completadas en ciclos enteros se despiertan con más energía que con ocho horas mal cortadas.

Cómo usar esto a favor

La aplicación práctica es sencilla aunque requiere un poco de planificación. Si queremos despertarnos con la menor inercia posible, conviene intentar que el tiempo total de sueño sea múltiplo de noventa minutos. Seis horas, siete horas y media o nueve horas son mejores puntos de corte que siete u ocho y media, porque coinciden aproximadamente con el final de un ciclo.

Existen también aplicaciones y pulseras de actividad que monitorizan el movimiento durante la noche e intentan despertar a la persona en la fase más ligera dentro de una ventana de tiempo. No son perfectas, pero el principio en que se basan tiene fundamento científico.