¿Sabías que...?

¿Sabías que septiembre es uno de los meses con más consultas por problemas digestivos?

El aparato digestivo suele ser uno de los grandes damnificados del verano, y sus efectos se prolongan hasta bien entrado septiembre. El cambio constante de horarios de comida, los viajes, las comidas fuera de casa y el calor alteran el funcionamiento intestinal de una forma que muchas personas no relacionan con el origen real de sus molestias hasta que la rutina ya ha vuelto.

El intestino tiene memoria de los horarios

Los ritmos circadianos están vinculados con la microbiota y los procesos digestivos, y un cambio brusco de horarios de comidas puede impactar de forma muy notable en solo 24 horas. Este fenómeno, que algunos especialistas describen como una especie de jet lag digestivo, no depende de cruzar husos horarios: basta con alterar radicalmente los horarios habituales de las comidas durante las vacaciones para que el sistema digestivo se resienta. Cuando septiembre obliga a recuperar de golpe unos horarios fijos, el intestino necesita un tiempo de readaptación similar al que necesitó para desajustarse.

El estrés de la vuelta también pasa factura al intestino

El sistema digestivo está estrechamente conectado con el sistema nervioso. El intestino está conectado al cerebro por señales hormonales y nerviosas, y los nervios pueden volverse más activos durante momentos de estrés, lo que provoca que los intestinos sean más sensibles y se compriman o contraigan más. La vuelta al trabajo o a los estudios, con la carga de estrés que suele acompañarla, actúa precisamente sobre estos mecanismos, lo que explica por qué septiembre concentra tantas consultas relacionadas con molestias como la hinchazón, el dolor abdominal o las alteraciones del ritmo intestinal.

Una demanda de consultas que no baja en vacaciones

Contrariamente a lo que podría pensarse, la necesidad de atención médica no se reduce en los periodos vacacionales. Durante los periodos vacacionales el volumen de consultas puede incrementarse en torno a un 5% respecto a una semana regular, y lo que cambia no es tanto la necesidad de atención médica sino el contexto en el que aparecen los problemas de salud. Las modificaciones en la alimentación, los cambios de clima y ambiente favorecen especialmente la aparición de molestias digestivas, respiratorias y alérgicas. Esta tendencia se traslada de forma directa a septiembre, cuando el organismo debe además reajustarse a un ritmo de vida completamente distinto.

Cifras que sitúan el problema en su magnitud real

Los trastornos digestivos funcionales, como el síndrome del intestino irritable, forman parte del día a día de la consulta médica en España. Su prevalencia en el Estado español es del 7,8%, y supone entre el 10 y el 15% de las consultas de atención primaria y entre el 25 y el 30% de los pacientes derivados a consultas de gastroenterología. Se trata de una afección estrechamente relacionada con el estrés y los cambios de rutina, dos factores que se concentran especialmente en las semanas posteriores al verano.

Cómo ayudar al intestino en esta transición

Recuperar horarios de comida estables, evitar los excesos que suelen normalizarse durante las vacaciones, mantener una buena hidratación y dedicar tiempo a gestionar el estrés propio de la vuelta son las medidas que los especialistas recomiendan para minimizar estas molestias. El intestino, al igual que el resto del organismo, necesita cierto margen de tiempo para adaptarse de nuevo a la rutina, y darle ese margen puede evitar que un malestar pasajero se convierta en un problema más persistente.