En Joker, estrenada en 2019, Arthur Fleck se echa a reír de forma descontrolada en situaciones en las que nada resulta gracioso, y entrega a quienes lo miran una tarjeta en la que explica que sufre una condición que le provoca risa repentina e incontrolable. La película no pone nombre a esa condición ni ofrece un diagnóstico, pero la descripción recuerda a un trastorno neurológico real, el afecto pseudobulbar, que permite explicar qué le ocurre al cerebro cuando la risa o el llanto se escapan del control.
Qué es el afecto pseudobulbar
Es un trastorno que provoca episodios repentinos e incontrolables de risa, de llanto o de ambos, que no se corresponden con lo que la persona siente o que resultan mucho más intensos de lo que pide la situación. Por ejemplo, alguien puede romper a llorar ante una escena sin importancia o reírse en un funeral sin poder evitarlo y sin sentir ni tristeza ni alegría. Los episodios duran desde unos segundos hasta unos minutos y pueden repetirse varias veces al día. También se conoce como labilidad emocional patológica o incontinencia emocional.
Por qué ocurre
Aparece en personas con enfermedades o lesiones del cerebro que alteran las conexiones encargadas de regular cómo se expresan las emociones. Entre las causas más conocidas están el ictus, los traumatismos craneoencefálicos, la esclerosis múltiple, la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), el párkinson y las demencias como el alzhéimer. Se cree que fallan los circuitos que frenan la respuesta emocional, de modo que la risa o el llanto se disparan sin el control habitual. Los mecanismos exactos todavía se investigan.
En qué se diferencia de otras situaciones
La risa nerviosa, que casi todo el mundo ha tenido alguna vez, responde a una emoción real como el estrés o la vergüenza y suele poder contenerse. En el afecto pseudobulbar la persona no logra evitar el episodio y con frecuencia se siente avergonzada o incomprendida. La depresión se distingue porque implica una tristeza mantenida durante semanas, pérdida de interés y otros síntomas, aunque ambas pueden coincidir en una misma persona, sobre todo después de un ictus. Por eso conviene que lo valore un profesional.
Qué muestra la película y qué deja fuera
La tarjeta de Arthur refleja bien una parte de la experiencia, con una risa que no encaja con lo que siente y que genera incomodidad ante los demás. La película es ficción, no da un diagnóstico y no permite afirmar que el personaje tenga este trastorno. Conviene evitar asociar las enfermedades neurológicas o mentales con la violencia. La gran mayoría de las personas que las padecen no son agresivas y con más frecuencia sufren estigma.
Cómo se diagnostica y se trata
El diagnóstico lo hace un médico, habitualmente un neurólogo, a partir de la historia clínica y de la descripción de los episodios, y descarta otras causas como la depresión, la epilepsia o los efectos de ciertos medicamentos. Existen tratamientos que reducen la frecuencia y la intensidad de los episodios, como la combinación de dextrometorfano y quinidina, autorizada en algunos países, o ciertos antidepresivos que se emplean en este contexto. La disponibilidad y la indicación dependen de cada caso y de cada país, y deben valorarlas los especialistas. Nadie debe empezar ni cambiar un medicamento por cuenta propia.