Con la llegada del otoño, las castañas y las setas se convierten en protagonistas de nuestra alimentación. Su consumo aumenta en esta época y aportan energía y nutrientes esenciales para afrontar el frío.
Las castañas, bajas en grasas y ricas en hidratos de carbono complejos, fibra y minerales como potasio y magnesio, son un alimento ideal para combatir el cansancio. Las setas, por su parte, destacan por su versatilidad culinaria y su aporte de fibra, antioxidantes y vitaminas del grupo B, reforzando las defensas en plena temporada de resfriados.
Más allá de la nutrición, ambos productos están ligados a la cultura popular: las castañas protagonizan celebraciones como el Magosto en Galicia o la Castañada en Cataluña, mientras que las setas son el centro de ferias y jornadas gastronómicas en distintas comunidades.
Cada año, en España se consumen entre 30.000 y 40.000 toneladas de castañas, lo que equivale a decenas de millones de kilos. Galicia concentra más del 60% de la producción nacional, seguida de Asturias y Castilla y León, y una parte importante se exporta a países como Francia, Italia y Portugal. Por su parte, el consumo de setas también refleja la importancia de estos productos en la dieta mediterránea. España es el tercer productor europeo, con más de 130.000 toneladas al año, y en 2022 el mercado nacional alcanzó los 272 millones de euros. El champiñón blanco sigue siendo la variedad más popular, aunque cada vez ganan terreno especies como la ostra o la shiitake.
Además de paisajes dorados y temperaturas más bajas, el otoño también nos trae sabores únicos que combinan tradición, salud y bienestar.