¿Sabías que...?

¿Sabías que la aspirina fue descubierta inspirándose en la corteza del sauce?

Cuando abres el botiquín y sacas una aspirina, lo último que piensas es en el río Nilo, en los papiros o en los escribas egipcios. Vamos, ¿En qué cabeza cabe? Pues quizá, a partir de ahora lo empiezas a hacer, porque la historia de uno de los medicamentos más consumidos del mundo arranca en el Antiguo Egipto, unos 3.500 años antes de que llegara a las farmacias modernas.

El árbol que curaba antes de que la ciencia lo supiera

El Papiro de Ebers, uno de los documentos médicos más antiguos conocidos, ya describía el uso de la corteza del sauce blanco (Salix alba) para aliviar fiebres y dolores. Los egipcios la hervían y aplicaban el líquido resultante en las zonas inflamadas. No sabían exactamente por qué funcionaba, pero funcionaba, y eso era suficiente.

La práctica no se quedó en Egipto. Hipócrates, el médico griego considerado padre de la medicina occidental, también recomendaba masticar hojas de sauce para combatir el dolor del parto y bajar la fiebre. Era conocimiento popular, transmitido de generación en generación, sin que nadie pudiera explicar el mecanismo detrás de ese alivio.

El siglo XIX y el descubrimiento del ingrediente secreto

No fue hasta 1828 cuando el farmacéutico alemán Johann Andreas Buchner logró aislar el principio activo del sauce, la salicina. Años después, en 1897, el químico Felix Hoffmann, trabajando para la empresa Bayer, consiguió sintetizar una versión más estable y tolerable para el estómago, el ácido acetilsalicílico. Así nació la aspirina tal y como la conocemos hoy.

El nombre comercial «Aspirin» lo registró Bayer en 1899 y se convirtió rápidamente en un fenómeno global. La «a» hace referencia a la acetilación del compuesto, y «spirin» proviene de Spiraea ulmaria, otra planta que también contiene salicilatos naturales.

Más de un siglo en la cima

Hoy, más de cien años después de su comercialización, la aspirina sigue siendo uno de los medicamentos más vendidos del mundo. Se estima que se producen unas 100.000 toneladas al año. Y su utilidad sigue evolucionando. Además de como analgésico y antifebril, se usa en dosis bajas como anticoagulante para prevenir infartos y accidentes cerebrovasculares.

La naturaleza lleva milenios guardando secretos que la ciencia moderna todavía está aprendiendo a descifrar. Aquellos egipcios que hervían corteza de sauce junto al Nilo ya tenían parte de la respuesta. Solo faltaba el laboratorio para comprender por qué.