¿Sabías que...?

¿Sabías que un bebé de nueve meses reescribió la historia de la genética?

Un niño de Filadelfia se convirtió en el primer ser humano tratado con una terapia CRISPR diseñada exclusivamente para su mutación genética, en un hito que abre una nueva era de la medicina personalizada.

A primera vista, K.J parece un bebé como cualquier otro. Pero detrás de esa imagen de normalidad se esconde una historia que ha sacudido los cimientos de la genética moderna. Al bebé, conocido como K.J, se le diagnosticó poco después de nacer un trastorno raro llamado deficiencia grave de carbamoil fosfato sintetasa 1 (CPS1), que se calcula que afecta a un bebé por cada millón de nacimientos.

La enfermedad es brutal en su mecanismo. Produce un aumento de los niveles de amoníaco en la sangre, lo que puede provocar vómitos, hipotermia, letargo, convulsiones, inflamación cerebral y coma, y mata aproximadamente a la mitad de los bebés que la padecen. Y como no podía ser de otra manera, para la familia, el diagnóstico fue demoledor, sin embargo, aún quedaría un atisbo de esperanza.

Una historia sin precedentes

Lo que ocurrió después no tiene precedentes en la historia de la medicina. Un equipo de médicos y científicos logró un hito histórico: desarrollar una terapia CRISPR in vivo personalizada para un bebé y administrar al paciente en tan solo seis meses, cuando estos procesos habitualmente requieren años o décadas. De hecho, el equipo liderado por la genetista pediátrica Rebecca Ahrens-Nicklas, directora del Programa de Terapia Génica para Trastornos Metabólicos Hereditarios del Hospital Infantil de Filadelfia (CHOP), y el cardiólogo y genetista Kiran Musunuru, de la Universidad de Pensilvania, ya venía explorando este terreno antes de que K.J naciera.

La terapia se basa en la edición de bases, una variante avanzada de la conocida herramienta CRISPR. Las instrucciones de los editores de bases fueron empaquetadas en nanopartículas lipídicas similares a las utilizadas en algunas vacunas de ARN mensajero, para facilitar la entrada del material genético en las células hepáticas sin generar una respuesta inmunitaria significativa. Una vez dentro, el sistema actuó directamente sobre el error del gen CPS1 para corregirlo.

Los investigadores solicitaron a la FDA la aprobación de esta terapia para un solo paciente y, tras obtenerla, procedieron a administrar los editores de bases en dos ocasiones, en los meses 7 y 8 de vida. Los resultados fueron esperanzadores. Para abril de 2025, K.J había recibido tres dosis de la terapia sin efectos secundarios graves, toleraba un mayor aporte de proteínas y necesitaba menos medicación para la eliminación de nitrógeno.

Hay un detalle que subraya el carácter absolutamente inédito de este caso, y es que este fármaco fue diseñado y elaborado para K.J, por lo que en realidad probablemente nunca se volverá a utilizar, según la propia doctora Ahrens-Nicklas. Un medicamento creado para una sola persona, para salvar una única vida.

Las implicaciones van mucho más allá de K.J. Este caso representa un punto de inflexión para la medicina personalizada, ya que demuestra que, con los recursos adecuados, es posible diseñar y aplicar tratamientos a medida para pacientes individuales.