¿Sabías que...?

¿Sabías que el cuerpo produce más melatonina a medida que los días se acortan?

La melatonina es la hormona encargada de regular el sueño, y su secreción depende directamente de la cantidad de luz a la que se expone el organismo a lo largo del día. A medida que el otoño avanza y las horas de luz disminuyen, el cuerpo comienza a segregar esta hormona antes de lo habitual, un cambio que muchas personas notan sin saber exactamente a qué se debe.

Por qué ocurre este cambio

La secreción de melatonina está estrechamente regulada por el fotoperiodo, es decir, por las horas de luz y oscuridad de cada jornada, de modo que aumenta a medida que disminuyen las horas de luz. En condiciones normales, el cuerpo empieza a producirla cuando anochece, preparando al organismo para el descanso. Sin embargo, con la llegada del otoño, los días cortos envían señales al cerebro para que esa producción se adelante, incluso cuando todavía queda jornada laboral o tareas por delante.

Un desajuste que se nota en el día a día

Este adelanto en la producción de melatonina explica por qué, según avanza el otoño, muchas personas empiezan a notar sensación de sueño y cansancio antes de lo que están acostumbradas, incluso en pleno día. No se trata de falta de energía ni de un problema de salud, sino de un mecanismo hormonal que responde directamente a la menor exposición a la luz solar.

La relación con el ánimo

Este fenómeno no afecta únicamente al sueño. La producción de serotonina, el neurotransmisor vinculado al bienestar, también depende de la exposición a la luz solar, de modo que cuando las horas de luz escasean, su nivel disponible se reduce. La combinación de estos dos cambios hormonales explica en parte por qué el otoño se asocia con más apatía o bajón anímico, un fenómeno que en su forma más intensa puede derivar en lo que se conoce como trastorno afectivo estacional.

Cómo ayudar al cuerpo en esta transición

Exponerse a luz natural durante las primeras horas del día ayuda a mantener sincronizados estos mecanismos hormonales con el ritmo real de la jornada. Salir a caminar por la mañana o simplemente pasar tiempo cerca de una ventana con luz natural son gestos sencillos que contribuyen a que el cuerpo se adapte mejor a la progresiva reducción de horas de luz que trae el otoño.