¿Sabías que...?

¿Sabías que una quemadura solar nunca se olvida?

El bronceado que tanto se busca en verano no es un signo de salud, sino una respuesta de defensa del organismo ante una agresión real. Cuando la piel recibe radiación ultravioleta, las células llamadas melanocitos producen melanina para intentar proteger el núcleo celular de los queratinocitos y evitar que la radiación dañe su ADN. Ese oscurecimiento visible llega después de que el daño ya se ha producido, no antes, según ha explicado en numerosas ocasiones la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV).

Qué diferencia hay entre UVA y UVB

La radiación ultravioleta se divide principalmente en UVA y UVB. Los rayos UVB son los principales responsables de las quemaduras solares y tienen un papel central en la aparición de cánceres de piel como el carcinoma basocelular o el melanoma. Los UVA penetran más profundamente en la dermis y están vinculados al fotoenvejecimiento, la pérdida de elasticidad y la aparición de manchas. Ambos tipos de radiación contribuyen al riesgo acumulado de cáncer cutáneo, por lo que la protección debe cubrir el espectro completo.

La piel morena también necesita protección

Uno de los mitos más extendidos es que la piel morena o de fototipos altos no necesita protección solar. La evidencia científica desmiente esta idea: aunque la melanina ofrece cierta protección natural, equivalente aproximadamente a un factor de protección solar bajo, no es suficiente para evitar el daño acumulado ni el riesgo de cáncer de piel a largo plazo.

Cuánto factor de protección hace falta

La Organización Mundial de la Salud y las principales sociedades de dermatología recomiendan un factor de protección solar de al menos 30 como umbral general, aunque la cifra exacta depende del fototipo de piel de cada persona. Las pieles más claras, que se queman con facilidad y apenas desarrollan bronceado, alcanzan antes el umbral de quemadura solar y suelen necesitar factores de 50 o superiores. Las pieles con mayor cantidad de melanina cuentan con cierta protección natural adicional y toleran más tiempo de exposición sin quemarse, pero eso no las libra del daño acumulado en el ADN celular ni del riesgo de cáncer de piel a largo plazo, así que las sociedades de dermatología mantienen la recomendación de un mínimo de 30 también en estos casos. El fotoprotector debe aplicarse generosamente y renovarse cada dos horas, especialmente tras el baño o la sudoración intensa. Además de la recomendación general, conviene evitar la exposición solar directa entre las 12:00 y las 16:00 horas, cuando la radiación UV alcanza su punto máximo.

«El quemado de hoy es el moreno de mañana»

Una quemadura solar no es un paso intermedio hacia el bronceado, es la manifestación visible de que la radiación ultravioleta ya ha dañado el ADN de las células de la piel. El enrojecimiento, el dolor y la descamación posterior son señales de una lesión celular real, comparable en su mecanismo a otras formas de daño tisular por radiación. Ese daño no se borra cuando la piel cicatriza ni cuando aparece el bronceado en los días siguientes, se acumula en las células y aumenta de forma progresiva el riesgo de desarrollar cáncer de piel a lo largo de la vida. Los estudios epidemiológicos muestran que haber sufrido quemaduras solares con ampollas durante la infancia o la adolescencia multiplica el riesgo de melanoma en la edad adulta. Por tanto, la quemadura nunca debe entenderse como el precio necesario para conseguir un buen bronceado, sino como una señal de alarma que indica que la protección solar ha fallado.