Cada año, al llegar el otoño, muchas personas experimentan una sensación de cansancio, apatía y falta de energía que coincide con el cambio de estación. Este fenómeno, conocido como astenia otoñal, es mucho más frecuente de lo que se suele pensar y tiene una explicación fisiológica bien documentada, aunque a menudo se confunde con simple pereza o desmotivación.
Qué ocurre en el cuerpo
El origen de esta fatiga está relacionado con la reducción progresiva de las horas de luz solar. Esta disminución afecta a la producción de melatonina y de serotonina, dos sustancias implicadas en la regulación del sueño y del estado de ánimo. Cuando las horas de luz escasean, el organismo produce melatonina antes de lo habitual, lo que genera sensación de sueño en momentos del día en los que todavía queda actividad por delante. Al mismo tiempo, la menor exposición solar reduce los niveles de serotonina disponibles, lo que puede traducirse en un ánimo más bajo de lo normal.
Síntomas más habituales
Quienes atraviesan este proceso suelen notar cansancio generalizado, dificultad para concentrarse, cambios en el apetito y cierta apatía frente a actividades que normalmente resultan agradables. A esto se suma, en muchos casos, el propio efecto de la vuelta a la rutina laboral o escolar tras el verano, que se solapa temporalmente con estos cambios hormonales y puede intensificar la sensación de agotamiento.
Un proceso pasajero para la mayoría
En la mayoría de los casos, la astenia otoñal es un cuadro leve y temporal que remite en pocas semanas, a medida que el cuerpo se adapta al nuevo ritmo de luz y de actividad. No requiere tratamiento específico, y basta con mantener hábitos saludables de sueño, alimentación y ejercicio para que los síntomas vayan desapareciendo de forma progresiva.
Cómo ayudar al organismo en esta transición
Aprovechar las horas de luz disponibles, especialmente por la mañana, contribuye a regular estos mecanismos hormonales de forma natural. Mantener una alimentación equilibrada, practicar actividad física de forma regular y respetar unos horarios de sueño constantes son medidas sencillas que ayudan a suavizar el impacto de esta transición estacional.



