Después de semanas de exposición solar, septiembre es un buen momento para dedicar unos minutos a revisar la piel con calma. No hace falta ningún equipo especial ni conocimientos médicos: basta con observar con atención lunares, manchas y zonas que hayan podido cambiar durante el verano.
Qué observar exactamente
Conviene fijarse en la forma, el color y el tamaño de los lunares existentes, así como en la aparición de manchas nuevas. La conocida regla del ABCDE ayuda a guiar esta revisión: asimetría en la forma, bordes irregulares, color no uniforme, diámetro superior a seis milímetros y evolución o cambio reciente. Cualquier lunar que cumpla varias de estas características merece una atención especial.
La exposición solar acumulada durante los meses de calor puede favorecer cambios en la piel que no siempre se detectan de inmediato. Algunas lesiones tardan semanas en manifestarse con claridad, por lo que hacer esta revisión al terminar el verano permite detectar a tiempo alteraciones que durante julio o agosto podrían haber pasado desapercibidas entre bronceado y enrojecimientos puntuales.
Cómo hacer la revisión en casa
Un buen momento para realizar este chequeo es después de la ducha, con buena luz y, si es posible, con la ayuda de un espejo de cuerpo entero y otro de mano para las zonas de más difícil acceso, como la espalda o el cuero cabelludo. Revisar también entre los dedos, las plantas de los pies y detrás de las orejas ayuda a no dejar zonas sin observar.
Cuándo acudir al especialista
Ante cualquier lunar o mancha que haya cambiado de forma, color o tamaño, que sangre, pique de forma persistente o que simplemente genere dudas, lo más recomendable es acudir a un dermatólogo. Un especialista es quien puede valorar con precisión si se trata de un cambio benigno o si conviene realizar un estudio más detallado, y consultar a tiempo es siempre la opción más segura cuando algo no resulta habitual en la piel.



