No es lo mismo sufrir un ictus por la mañana que por la tarde o por la noche. ¿La razón? Nuestro sistema inmunitario también sigue un “horario” marcado por el reloj biológico interno.
El estudio, realizado en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), se ha centrado en unas células llamadas neutrófilos, que son las primeras en acudir cuando ocurre un ictus. Estas células no actúan igual a todas horas: en ciertos momentos del día están más “activas” y pueden provocar más inflamación y más daño en el cerebro.
El ictus isquémico —el más común— sigue siendo una de las principales causas de muerte y discapacidad en el mundo. Aunque los tratamientos han mejorado, no todos los pacientes evolucionan igual. Este trabajo ayuda a explicar por qué: el estado del sistema inmune en el momento del ictus puede marcar una gran diferencia.
Los científicos han comprobado, tanto en ratones como en más de 500 pacientes, que en determinadas horas los neutrófilos liberan unas estructuras llamadas NETs, que pueden bloquear pequeños vasos sanguíneos y empeorar la lesión. En otras horas del día, en cambio, estas células son menos agresivas, lo que permite una mejor circulación y un daño menor.Esto podría explicar por qué dos personas con síntomas parecidos pueden tener recuperaciones muy distintas.
El estudio también confirma que estos ritmos diarios se observan en pacientes reales: los niveles de inflamación y la actividad de los neutrófilos cambian a lo largo del día y se relacionan con la gravedad del ictus. Tener en cuenta, por tanto, que la hora del día podría ayudar a diseñar tratamientos más eficaces.



