España se ha convertido en uno de los países europeos donde el vapeo entre adolescentes crece con mayor rapidez. Los últimos estudios sitúan a los jóvenes españoles a la cabeza del consumo de cigarrillos electrónicos, una tendencia que alarma a pediatras, neumólogos y educadores. Mientras las autoridades sanitarias advierten de los riesgos pulmonares graves asociados a estos dispositivos, el uso entre menores continúa expandiéndose sin freno. La llamada de atención llega en vísperas del Día Mundial sin Tabaco, que se celebra cada 31 de mayo, y en un contexto en el que el cáncer de pulmón continúa siendo la primera causa de muerte por cáncer en España.
Según los datos europeos más recientes, casi la mitad de los adolescentes españoles ha probado un vapeador alguna vez, y más de uno de cada cuatro lo ha utilizado en el último mes. Estas cifras superan la media continental y reflejan un fenómeno que se ha normalizado en patios escolares, parques y redes sociales. Los dispositivos desechables, baratos y disponibles en una enorme variedad de sabores, han sido clave en esta expansión.
Los expertos coinciden en que el vapeo se ha convertido en un producto diseñado para resultar atractivo a los menores. Sabores como algodón de azúcar, mango o chicle, envases fluorescentes y campañas masivas en TikTok e Instagram han creado una estética juvenil que minimiza la percepción de riesgo. “Muchos adolescentes creen que vapear es inofensivo porque no huele a tabaco y porque lo ven como algo moderno”, explican los neumóllogos. Sin embargo, la evidencia científica apunta en la dirección contraria.
Los riesgos pulmonares asociados al vapeo son cada vez más claros. La comunidad médica ha documentado casos de inflamación pulmonar aguda, irritación crónica de las vías respiratorias y un aumento de síntomas compatibles con asma en jóvenes que utilizan cigarrillos electrónicos de forma habitual. Uno de los cuadros más graves es el EVALI, una lesión pulmonar vinculada al vapeo que puede provocar dificultad respiratoria severa, fiebre y, en casos extremos, ingreso hospitalario. Aunque su incidencia es baja, los especialistas recuerdan que se han registrado casos en adolescentes españoles.
Además, los pulmones de los menores aún están en desarrollo, lo que los hace especialmente vulnerables. La exposición continuada a aerosoles con nicotina, metales pesados y compuestos químicos aromatizantes puede interferir en la maduración pulmonar.
A pesar de estos riesgos, el acceso a los vapeadores sigue siendo sorprendentemente sencillo. Aunque la venta a menores está prohibida, muchos adolescentes los adquieren en tiendas físicas sin controles estrictos o a través de internet. Los dispositivos desechables, que pueden costar menos de diez euros, facilitan un consumo impulsivo y frecuente. La falta de regulación específica sobre sabores y diseño también contribuye a su atractivo.
Las autoridades sanitarias españolas han comenzado a plantear medidas más estrictas, como limitar los sabores, endurecer las sanciones por venta a menores o equiparar la regulación del vapeo a la del tabaco tradicional. Sin embargo, los expertos advierten de que la legislación, por sí sola, no será suficiente. Reclaman campañas educativas más ambiciosas, dirigidas tanto a adolescentes como a familias, que expliquen de forma clara los riesgos reales del vapeo.
Mientras tanto, el fenómeno continúa creciendo. En muchos institutos, los profesores describen una situación preocupante: baños convertidos en puntos de vapeo, alumnos que consumen durante los recreos y una normalización que dificulta la intervención. “Es un problema que avanza más rápido que las soluciones”, resume un orientador escolar de Madrid.
España se enfrenta así a un desafío urgente: frenar una tendencia que amenaza con convertirse en la puerta de entrada a la adicción a la nicotina y a problemas respiratorios a largo plazo. La evidencia científica es clara, pero el mensaje aún no ha calado entre quienes más necesitan escucharlo: los propios adolescentes.



