Cada año, al llegar septiembre, muchas personas notan que se les cae más pelo de lo habitual al peinarse o al ducharse. Esta situación, que suele generar alarma, tiene nombre médico. Se trata del efluvio telógeno estacional, un fenómeno real y ampliamente documentado que afecta al ciclo natural del cabello.
El pelo crece siguiendo ciclos con distintas fases. Durante la fase de crecimiento, el folículo produce cabello de forma activa; después entra en una fase de reposo, tras la cual el pelo se desprende de forma natural para dar paso a uno nuevo. En condiciones normales, este proceso ocurre de forma escalonada, por lo que la caída diaria pasa prácticamente desapercibida.
Lo que ocurre en verano es que factores como la exposición solar prolongada, el calor y ciertos cambios hormonales pueden hacer que un número mayor de folículos entre en fase de reposo de forma simultánea. El resultado no se nota de inmediato, sino semanas después, cuando esos cabellos caen todos a la vez, coincidiendo precisamente con el final del verano y el inicio del otoño.
Los especialistas insisten en que este tipo de caída es temporal y autolimitada. Suele prolongarse entre dos y tres meses y no está relacionada con procesos de alopecia permanente. El pelo perdido se recupera de forma natural una vez terminado el ciclo, sin necesidad de tratamientos agresivos.
Aun así, si la caída resulta especialmente intensa, se acompaña de otros síntomas o se prolonga más allá de ese margen habitual, conviene consultar con un dermatólogo para descartar otras causas y recibir una valoración personalizada.



