Lo que comes importa: los mejores alimentos para cuidar tus riñones

Los riñones trabajan sin descanso, las 24 horas del día, los 365 días del año. Filtran la sangre, regulan la presión arterial, eliminan toxinas y mantienen el equilibrio de líquidos en el cuerpo. Los riñones son dos de los órganos más trabajadores que tenemos. Y sin embargo, pocas veces pensamos en ellos cuando nos sentamos a la mesa.

La buena noticia es que lo que ponemos en el plato puede marcar una diferencia enorme en su salud. No hace falta una dieta complicada ni prohibiciones drásticas para empezar a cuidarlos. Basta con conocer qué alimentos les hacen bien y cuáles les suponen un esfuerzo extra.

Menos sal, más vida

El sodio, que es parte de la sal, se añade a muchos alimentos preparados o empacados, así como a las comidas rápidas y congeladas. El problema es que la dieta diaria no debería superar los 2.300 miligramos de sodio al día para ayudar a controlar la presión arterial y proteger los riñones. Un truco sencillo: cocinar en casa y sustituir la sal por hierbas aromáticas y especias. Tomillo, orégano, romero, ajo en polvo… Las posibilidades son infinitas y el sabor, mucho más interesante.


Las proteínas, con cabeza

Cuando el cuerpo usa las proteínas, genera productos de desecho que los riñones deben depurar. Por eso, comer más proteínas de las necesarias puede obligarlos a sobreesforzarse y causar más daño. Esto no significa eliminarlas, sino elegirlas bien. Las proteínas magras, con pocas grasas, como los huevos y las aves sin piel, son una opción recomendable. Y si se quiere reducir la proteína animal, los frijoles, las lentejas y los garbanzos son aliados perfectos.

Frutas y verduras que protegen

Aquí viene la parte más apetecible. Hay un buen puñado de alimentos del día a día que hacen las delicias de los riñones:

  • Las manzanas son una joya. Gracias a su contenido en fibra y pectina, ayudan a reducir el colesterol malo y contienen sustancias que previenen la inflamación crónica, lo que facilita el trabajo de los riñones.
  • Las cebollas también merecen protagonismo. Son bajas en sodio, potasio y fósforo, y son una fuente de antioxidantes que promueven la salud cardiovascular y previenen la inflamación crónica. Crudas en ensalada o pochadas en cualquier guiso, nunca fallan.
  • Las uvas rojas guardan una sorpresa. La piel y las semillas contienen resveratrol, un compuesto antioxidante que contribuye a la salud cardiovascular y renal. Si puedes, escógelas con semillas.

Y en cuanto a verduras del día a día, la lechuga, las judías verdes, los espárragos o el pepino son buenas opciones para incluir habitualmente en la dieta renal. Junto a la sandía, la pera y la piña, que también se llevan bien con los riñones. ¿Y para una infección de orina? Los arándanos son la solución.Contienen proantocianidinas (PACs) que impiden que bacterias como la E. coli se adhieran a las paredes de la vejiga. De esta forma facilitan su expulsión a través de la orina.


El aceite de oliva, el gran aliado mediterráneo

Vivir en España tiene sus ventajas. Seguir una dieta mediterránea y consumir aceite de oliva virgen extra a diario puede reducir significativamente el riesgo de padecer problemas renales, gracias a sus propiedades antiinflamatorias y su beneficio sobre la circulación cardiovascular.

Cuidado con el fósforo

Este mineral está más presente de lo que parece, especialmente en alimentos procesados. Cuando se padece enfermedad renal, el fósforo puede acumularse en la sangre y extraer calcio de los huesos, haciéndolos más débiles. También puede causar picazón y dolor en huesos y articulaciones. Por eso conviene revisar las etiquetas y reducir los ultraprocesados.


En resumen: cocina más, procesa menos

El mensaje es claro y no por ello menos potente. Cocinar en casa, apostar por frutas, verduras y proteínas de calidad, usar especias en lugar de sal y limitar los ultraprocesados son pasos concretos y alcanzables que los riñones agradecerán a largo plazo.

Y si tienes alguna condición de salud ya diagnosticada, lo más recomendable es consultar con un dietista especializado, que puede personalizar el plan según tus necesidades. Cada cuerpo es diferente, y los riñones también.

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