Aristoteles dijo que el ser humano es un ser social, y parece ser, que no se equivocaba. Necesitamos la risa compartida con seres queridos, la conversación que se alarga durante horas y el abrazo que calma sin palabras.
Investigaciones del National Institutes of Health (NIH) confirman que nuestras conexiones sociales influyen directamente en la salud física y mental. Es decir, tener relaciones sólidas es un imperativo biológico. Cuando esos vínculos faltan, las consecuencias pueden sentirse, especialmente en la salud mental.
Mantener relaciones saludables reduce la ansiedad y la depresión, fortalece la autoestima y nos proporciona sensación de seguridad emocional. Saber que alguien está ahí, para escuchar, para acompañar y para apoyar, cambia la forma en que enfrentamos el mundo. De hecho, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) las conexiones sociales fuertes pueden proteger la salud y reducir el riesgo de muerte prematura.
El aislamiento social perjudica nuestra salud
En el reverso de la moneda, el aislamiento prolongado se asocia con mayores riesgos de depresión, ansiedad y otros trastornos. Los Institutos Nacionales de Salud de EE. UU. (NIH) explican que el aislamiento social y la soledad están relacionados con mayores riesgos para la salud física, mental y cognitiva. Entre las afecciones asociadas aparecen presión arterial alta, enfermedades cardíacas, obesidad, debilitamiento del sistema inmunológico, ansiedad y depresión
Al final, nuestras relaciones importan de verdad. Pasar tiempo con otros, escuchar y apoyar, mejora nuestra salud física y mental. Mantenernos conectados nos ayuda a enfrentar los problemas, a sentirnos seguros y a vivir mejor. La ciencia lo confirma: estar cerca de los demás nos hace más fuertes y más saludables.



