Las primeras semanas de enero significan la vuelta a la rutina. Después de celebraciones en familia e incluso de varios días libres en algunos casos, toca ponerse el mono de trabajo de nuevo y afrontar horarios y responsabilidades, lo que en muchas personas puede suponer un aumento del estrés.
Ante este escenario, surge la importancia de incorporar pequeñas herramientas de autocuidado en el día a día. Una de las más sencillas y efectivas es la respiración profunda, una técnica al alcance de cualquiera que puede ayudar a reducir la tensión acumulada.
Una técnica sencilla para reducir el estrés:
Respirar de forma consciente, lenta y profunda permite activar el sistema nervioso parasimpático, responsable de inducir un estado de calma en el organismo. Bastan unos minutos al día para notar sus beneficios, entre ellos: Disminución de la ansiedad, mejora de la concentración y una mayor sensación de control ante situaciones estresantes.
Esta práctica es aún más efectiva cuando se emplea en momentos clave, como antes de empezar la jornada laboral, durante una pausa o al finalizar el día. ¿Cómo hacerlo correctamente? Inhalar profundamente por la nariz, mantener el aire unos segundos y exhalar lentamente por la boca ayuda a rebajar el ritmo cardíaco y a relajar la musculatura.



