Mantener la concentración y mejorar la memoria es todo un reto en nuestro día a día. Las tecnologías ocupan gran parte de nuestra atención diaria y afectan cómo concentramos y procesamos la información, pero hay estrategias que pueden ayudarnos a entrenar nuestro cerebro y sacarle el máximo provecho.
Alimenta tu cerebro
Lo que comes influye en cómo piensas. Nutrientes como los ácidos grasos omega-3, presentes en el pescado azul como el salmón. Los frutos secos, en especial las nueces también son ideales además de las semillas. Estos alimentos ayudan a mantener las neuronas saludables y a mejorar la memoria. También es importante consumir vitaminas del grupo B, antioxidantes y proteínas, que favorecen la comunicación entre las células del cerebro. Cómo por ejemplo carnes magras, huevos, lácteos o legumbres.
Descansa y muévete
Aunque parezca contradictorio, descansar y moverse mejora la concentración. Dormir las horas recomendadas permite que el cerebro procese y consolide la información aprendida durante el día. Y un poco de ejercicio físico, como caminar, nadar o practicar yoga, aumenta el flujo de sangre al cerebro, ayudando a mantenerlo despierto y activo.
Organiza tu entorno y entrena tu mente
Un espacio ordenado hace que la mente trabaje mejor. Apaga distracciones como el móvil o las notificaciones, organiza tus tareas por prioridad y establece momentos de concentración intensa seguidos de pequeños descansos.
La concentración y la memoria también se ejercitan. Juegos de lógica, rompecabezas, aprender un idioma o tocar un instrumento musical estimulan distintas áreas del cerebro y mejoran la agilidad mental. Incluso leer regularmente y escribir resúmenes de lo aprendido fortalece la memoria a largo plazo.
Hábitos que dificultan concentrarse
Así como hay estrategias que ayudan, hay hábitos que la bloquean. Por ejemplo, pasar demasiado tiempo frente a pantallas sin descanso. Ante esta situación coge importancia la recomendación de hacer pequeños descansos incluyendo breves paseos para poder oxigenar el cerebro. También afecta consumir exceso de azúcar o cafeína, y la multitarea constante. Evitarlos puede marcar la diferencia entre un día productivo y un día en el que todo se siente disperso y sin resultados.



