Uno de los hábitos que más influye en la calidad del sueño es, precisamente, uno de los más difíciles de mantener: dejar de mirar pantallas antes de acostarse. Fijar una hora concreta para apagarlas cada noche es una de las medidas más sencillas y efectivas para mejorar el descanso, especialmente en estas semanas de vuelta a la rutina.
Por qué la luz de las pantallas afecta al sueño
La luz azul que emiten los móviles, tablets y ordenadores interfiere en la producción de melatonina, la hormona encargada de preparar al cuerpo para dormir. Cuanto más cerca de la hora de acostarse se usa una pantalla, más se retrasa esa señal, lo que dificulta conciliar el sueño aunque el cuerpo esté realmente cansado.
El problema no es solo la luz
Además del efecto de la luz, el propio contenido que se consume por la noche mantiene al cerebro en estado de alerta. Revisar correos de trabajo, ver noticias o simplemente hacer scroll en redes sociales activa la mente justo en el momento en el que debería empezar a relajarse, alargando el tiempo necesario para desconectar.
Cómo ponerlo en práctica
No hace falta eliminar las pantallas de golpe. Basta con elegir una hora fija, por ejemplo entre treinta y sesenta minutos antes de acostarse, y mantenerla de forma constante cada noche. Sustituir ese rato por lectura, estiramientos suaves o simplemente conversar ayuda al cuerpo a entender que se acerca el momento de dormir, sin necesidad de ningún esfuerzo adicional.
Un hábito que se nota con el tiempo
Los beneficios de este pequeño cambio no siempre son inmediatos, pero con constancia se traducen en un sueño más profundo y en menos dificultad para levantarse por la mañana, algo especialmente valioso en las primeras semanas de vuelta a la rutina laboral o escolar.



